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Guías

Lo que de verdad cuesta una mala contratación técnica

Por Marc Molas·5 de febrero de 2024·9 min de lectura

La estimación estándar del sector sitúa el coste de una mala contratación entre 1,5 y 3 veces el salario anual del puesto. Si contratas a un ingeniero senior por 80.000 euros al año y no funciona, el agujero está entre 120.000 y 240.000 euros.

Pero esa cifra solo recoge lo visible. La parte que cabe en una hoja de cálculo. Lo que yo he visto matar startups no es el dinero perdido — es el tiempo que no vuelve y el destrozo que queda atrás.

Los costes visibles: lo que puedes calcular

Empecemos por lo obvio, porque ya duele bastante:

  • Salario acumulado. Los meses que pagaste antes de darte cuenta del error. Normalmente, de 3 a 6.
  • Costes de reclutamiento. Si usaste una agencia, pagaste entre un 15% y un 25% del salario anual. Si lo hiciste internamente, el tiempo invertido en screening, entrevistas y negociación.
  • Indemnización. Según el país y el contrato, puede ir desde un mes hasta varios meses de salario.
  • Coste de reemplazo. Vuelves a empezar el proceso desde cero. Otra ronda de publicar ofertas, filtrar CVs, hacer entrevistas técnicas, negociar. Con suerte, 2-3 meses. Sin ella, 6.

Súmalo todo y llegas fácilmente a esa estimación de 1,5-3x. Pero aquí es donde se detienen la mayoría de los análisis. Y donde empieza el daño de verdad.

Los costes invisibles: lo que no aparece en ninguna hoja de cálculo

Deuda técnica heredada

Un mal ingeniero no solo deja de construir lo que debería. Construye mal lo que toca. Código sin tests, arquitectura que no escala, dependencias innecesarias, abstracciones que nadie entiende. Cuando se va, ese código se queda. Y alguien tiene que lidiar con él.

He visto casos en los que un ingeniero estuvo 4 meses en una startup y dejó una base de código que el siguiente senior tardó 6 semanas en reescribir antes de poder avanzar. Esas 6 semanas son puro coste hundido — no estás construyendo features nuevas, estás deshaciendo el trabajo de alguien que ya no está.

Daño a la moral del equipo

Este es el coste que menos se mide y el que más impacto tiene. Cuando un miembro del equipo no rinde, el resto lo sabe. Antes que tú, normalmente. Y cada semana que pasa sin que hagas algo al respecto, tu credibilidad como líder se erosiona.

Los buenos ingenieros no quieren trabajar con malos ingenieros. Si tardas demasiado en actuar, el riesgo no es solo perder al que no funciona — es que los que sí funcionan empiecen a mirar hacia otra parte.

Plazos incumplidos

Contrataste a ese ingeniero porque necesitabas entregar algo. Una feature crítica, una integración, un MVP. Cada mes que pasa con alguien que no ejecuta es un mes de retraso en tu producto. En una startup, eso puede significar:

  • Perder una ventana de mercado. Tu competidor lanzó primero.
  • Perder la confianza de los inversores. No cumpliste el roadmap que presentaste en la ronda.
  • Perder clientes. Prometiste una feature para el Q1 y no llegó.

Pérdida de conocimiento institucional

Cuando alguien se va — aunque no rindiera bien — se lleva contexto. Decisiones que tomó, conversaciones que tuvo con otros miembros del equipo, comprensión del dominio del negocio. Parte de ese contexto se pierde para siempre. El siguiente ingeniero arranca con un déficit de información que tarda semanas en cerrar.

La cronología del desastre

Pongamos números al tiempo:

  • Meses 0-3: Contratación. Publicas la oferta, filtras, entrevistas, negocias, haces el onboarding. Si todo va bien, 2-3 meses. Si el mercado está caliente — y en tecnología lo está — pueden ser 4-6.
  • Meses 3-6: Luna de miel. El nuevo ingeniero se incorpora. Los primeros meses son de rodaje. Es normal que no produzca al 100%. Le das el beneficio de la duda.
  • Meses 6-9: La sospecha. Empiezas a ver señales. Code reviews que vuelven llenas de comentarios. Tareas que se retrasan. Otros ingenieros que empiezan a quejarse en privado. Pero piensas: "Quizá necesita más tiempo."
  • Meses 9-11: La certeza. Ya sabes que no funciona. Pero ahora toca gestionar la salida. Conversaciones difíciles, documentar el rendimiento, el proceso de offboarding.
  • Meses 11-14: De vuelta a la casilla de salida. Vuelves a contratar.

Resultado: hasta 14 meses perdidos. Para una startup que intenta llegar a product-market fit, eso puede ser letal.

Por qué pasa: los errores más comunes

Las malas contrataciones no son mala suerte. Son el resultado de un proceso roto. Estos son los errores que veo con más frecuencia:

Contratar con urgencia, no con criterio

"Necesitamos un backend developer para ayer." ¿Te suena? La presión por entregar hace que bajes el listón. Aceptas al candidato que está "bien" en lugar de esperar al que es "excelente". Ese atajo siempre acaba saliendo más caro.

Y concedo el contraargumento obvio: una silla vacía también quema runway, y en una startup esa presión es real. Pero la silla vacía te cuesta el trabajo de una persona que falta. Una mala contratación te cuesta el salario, la limpieza posterior y los meses de la cronología de arriba. Las cuentas no admiten discusión.

Confiar demasiado en el CV

Un CV impresionante no garantiza nada. He entrevistado a candidatos con experiencia en Google y Amazon que no sabían resolver un problema básico de diseño de sistemas. Y he visto a ingenieros de empresas de las que nadie ha oído hablar escribir código impecable. El CV te dice dónde ha estado alguien. No te dice cómo trabaja.

Saltarse la evaluación técnica real

Una conversación de 30 minutos no es una evaluación técnica. Si no haces code reviews de código real, ejercicios de diseño de sistemas o, como mínimo, una sesión de pair programming, estás adivinando. Y adivinar con contrataciones de 60.000-100.000 euros al año es un riesgo absurdo.

Evaluar la entrevista, no el trabajo

Hay gente que entrevista de maravilla y produce trabajo mediocre. Y al revés. Si tu proceso selecciona por habilidad para entrevistar en lugar de por capacidad de ejecución, estás optimizando lo que no toca.

Cómo prevenirlo: el framework que funciona

No existe la garantía del 100%, pero puedes reducir drásticamente el riesgo:

1. Vetting técnico riguroso. No solo algoritmos y estructuras de datos. Evaluación de código real. ¿Cómo estructura un proyecto? ¿Cómo gestiona los errores? ¿Cómo piensa el testing? ¿Sabe explicar las decisiones de arquitectura que tomó en proyectos anteriores?

2. Evaluación por ingenieros, no por recruiters. Un recruiter puede valorar soft skills y encaje cultural. No puede valorar si alguien sabe diseñar un sistema de colas distribuido. Tus ingenieros senior — o tu CTO — tienen que estar en el proceso.

3. Un período de prueba de verdad. No un período en el que observas si la persona "encaja". Un período en el que asignas trabajo real con entregables concretos y evalúas la calidad del resultado. Con 2-4 semanas suele bastar para saber si alguien ejecuta de verdad.

4. Referencias técnicas, no solo profesionales. No llames solo a su antiguo jefe. Habla con alguien que haya revisado su código o trabajado en su mismo equipo técnico. Las preguntas que importan: "¿Volverías a trabajar con esta persona? ¿Le darías un proyecto crítico?"

Cómo lo resolvemos en Conectia

Todo lo anterior exige tiempo, expertise técnica y un proceso bien definido. La mayoría de startups en fase temprana no tienen las tres cosas. Tienen prisa, tienen un founder técnico que ya está al límite y no tienen un proceso de contratación probado.

Exactamente por eso montamos Conectia. Nuestro proceso de vetting tiene una tasa de aceptación del 4%. No es un filtro de CV — es una evaluación técnica liderada por CTOs con experiencia en producción. Evaluamos código real, capacidad de diseño de sistemas y experiencia demostrable en entornos de startup.

Y si un ingeniero no funciona en los primeros 30 días, proponemos un reemplazo en 7 días sin coste adicional. No porque esperemos necesitarlo, sino porque entendemos que, para un founder, la confianza en el proceso importa tanto como el resultado.

El coste de una mala contratación no es un número en una hoja de cálculo. Es tiempo que no recuperas, código que tienes que reescribir y una moral de equipo que tarda meses en reconstruirse. La mejor inversión que puedes hacer no es contratar rápido — es contratar bien.


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